El día que desperté con sólo media sonrisa

  • 12 noviembre 2012
John Sudworth

Después de toda una vida de hacer casi todo lo que yo le ordenaba, un día la mitad de mi cara decidió declararse en huelga.

Desde el lado izquierdo de mi frente al lado izquierdo de mi mentón, todos mis rasgos faciales se paralizaron.

No puedo levantar la ceja, ni cerrar mi ojo y cuando trato de sonreír, aunque el lado derecho mi boca actúa servicialmente para cumplir, el lado izquierdo se rehúsa.

La expresión resultante no me sirve cuando quiero saludar de manera amistosa, pero sería útil si algún día decido asaltar una tienda.

Bienvenidos al extraño mundo de alguien que sufre parálisis facial periférica.

Enfermos célebres

Esta enfermedad, también llamada parálisis de Bell, no es lo mejor que podría pasarle a un reportero de televisión.

No es lo mejor que puede pasarle a nadie que necesite usar la cara. Y por los muchos informes que he visto en internet, mucha gente que lo padece continúa viviendo su vida normalmente.

Así que yo decidí hacerlo también.

Y aunque acepto totalmente que mi enfermedad podría ser la noticia menos importante que sale de China actualmente, escribir sobre ella en este país significa que puedo contar con una explicación para los miembros de mi base global de seguidores (ustedes dos saben de quién hablo) que se preguntan por qué cuando me ven en la pantalla la mitad de mi cara no funciona.

Pero cualesquiera que sean mis razones, esta enfermedad peculiar y fascinante se merece un poco más que una mención. Y no sólo porque el trastorno tiene una lista grande de pacientes célebres.

Se dice que tanto George Clooney como Sylvester Stallone han sufrido la parálisis y se han recuperado.

Yo espero que mi recuperación se parezca más a la de George.

La parálisis de Bell debe su nombre a Charles Bell, el anatomista y cirujano del siglo XIX que fue héroe de la batalla de Waterloo y quien descubrió la función del nervio facial.

Lo que se sabe sobre la enfermedad es que si los humanos fueran automóviles, la parálisis de Bell sería una especie de falla que debería provocar el retiro masivo de esos autos.

Ciertamente es un signo de una instalación de muy mala calidad.

El nervio facial atraviesa un pasaje estrecho de hueso cerca del oído. Cuando ocurre una baja en el sistema inmune, un virus latente, casi siempre el de varicela o herpes, se activa y ataca al nervio causando inflamación.

Inflamación

En ocasiones esto puede ser provocado por un evento. En mi caso se trató de una herida leve en mi ojo izquierdo, pero otras veces no hay una causa aparente.

El resultado de la inflamación es una constricción del nervio facial dentro del pasaje óseo, lo que a su vez causa la parálisis.

Image caption Varios famosos han sufrido parálisis de Bell.

No importa cuánto se esfuerce el cerebro por enviar sus mensajes al resto del cuerpo: desde el punto de la inflamación, la cara permanece en silencio.

Las miles de terminaciones en las que el nervio facial se divide, que van hacia las mejillas, la frente, labios y párpados, que son responsables de cada emoción, desde una sonrisa, un guiño del ojo, hasta un ceño fruncido, están suspendidas e incomunicadas.

Charles Bell ciertamente notó las caras paralizadas en las calles de su nativa Edimburgo hace 200 años y lo que fue cierto en aquél entonces, es cierto hoy en día.

La parálisis puede afectar a cualquier persona de cualquier edad, género o raza y aunque se le clasifica como enfermedad "rara", es suficientemente común para que una de cada 60 personas experimente un episodio en algún momento de su vida.

La buena noticia es que la mayoría de la gente puede recuperarse totalmente en el espacio de unos meses.

El nervio, con el tiempo, puede recuperarse y regenerarse.

La mala noticia es que una minoría de pacientes quedan con efectos permanentes, a veces graves. De cualquier forma, el trastorno puede durar semanas o meses y vivir con una parálisis facial puede ser muy difícil, al menos socialmente.

Y para quienes no logran recuperarse completamente la enfermedad puede ser devastadora.

A mí, por lo menos hasta ahora, no me ha perjudicado demasiado y por supuesto espero recuperarme.

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