De transporte escolar a "autobús de la muerte" en Guatemala

  • 13 noviembre 2012
"La camioneta"
Image caption La mayoría de los vehículos de transporte colectivo de Guatemala son "jubilado" de EE.UU.

"Cuando mueres, pues muere tu cuerpo pero no muere tu ser. Es así el bus, igual", dice Luis, un guatemalteco que monta en autobús para llegar a diario a su trabajo y es la voz en off en la apertura del filme "La camioneta".

Esa reencarnación es la que cuenta este documental: la segunda vida de un autobús escolar estadounidense que termina sus días en las calles de Guatemala.

No es el único: la mayoría de los vehículos de transporte colectivo del país centroamericano son "jubilados" de Estados Unidos, que han sido revendidos y pintados a todo color.

"Para mí, lo curioso fue ver cómo un icono que yo pensaba era tan estadounidense como el apple pie o el fútbol americano aquí tenía una nueva vida. ¿Cómo llegaron aquí, quién es responsable? ¿Y quién trabaja para convertir a estas llamadas camionetas en obras de arte sobre ruedas?", le relató a BBC Mundo el director Mark Kendall.

Pero el viaje no fue tal como el cineasta lo había pensado. La violencia se coló y "La camioneta" se volvió dos películas en una: a la sobrevida del bus particular se sumó el retrato de una sociedad golpeada con frecuencia por la muerte.

Esa sociedad podrá ahora verse reflejada en la pantalla, cuando "La camioneta" se estrene en los próximos días en el Festival ICARO de Guatemala, después de haber transitado por festivales del mundo.

"Yo no quería hacer una película sobre violencia en los buses. Pero una vez allí, se volvió una responsabilidad contar esa historia", indicó el director, que estudió Documental Social en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York.

Jubilado

La primera vida de la "camioneta", como se llama en Guatemala al autobús o colectivo, no podría haber sido más distinta a la que le esperaba en su nuevo destino: orondo y amarillo, se encargó de llevar a clase cada mañana a niños de los suburbios en el estado estadounidense de Pensilvania.

Image caption Los vehículos que no se subastan son desguazados y reducidos a repuestos.

Cada año, miles de autobuses son llevados a subasta cuando el costo de manutención que generan para cumplir con los estándares estadounidenses se vuelve excesivo, tras unos ocho años de uso. Algunos son reacondicionados como vehículos de recreo particular, otros se exportan a África y América Central.

"La primera referencia que tuve de las subastas fue en un viaje a Guatemala, antes de la película, cuando descubrí que uno de los buses venía de un distrito a 20 kilómetros de donde yo vivía, en Tennessee. Me dejó una huella emocional, creo. Y quise ver cómo era ese trayecto", reveló el director.

El viaje de "La camioneta", por dos fronteras y durante 15 días, lo hace Domingo Lastor dos veces al mes: vive de eso, de llevar buses hacia su Guatemala natal.

"Manejar 16 horas (por día) no es fácil pero, para nosotros que ya andamos en eso, no es nada", dice Mingo ante cámara.

Como veterano de la ruta, el hombre conoce los peligros de los retenes, dónde toca pagar sobornos, quiénes son confiables para comprar la comida al paso, dónde es mejor no parar de noche.

"Uno nunca sabe qué tan largo es el camino… De todo pasa en México. Yo le doy gracias a Dios porque a mí no me ha tocado nada. Todavía", reflexiona el conductor del bus migrante.

Violencia sobre ruedas

Pero es en Guatemala donde Kendall concentra la historia: en las semanas que lleva reacondicionar el bus amarillo y volverlo una carcasa multicolor. Cambiarle neumáticos, alinearlo, ponerlo a punto… y esperar que venga un comprador. A veces no ocurre: algunos son desguazados y reducidos a repuestos.

Mientras la camioneta se pinta, la historia se concentra en lo que le espera una vez que salga a rodar por las calles.

"Cuando filmamos, la situación era particularmente grave en la ruta de ciudad de Guatemala a Quetzal. Choferes que habían sido víctimas de ataques después de negarse a pagar las cuotas, otros que se habían vuelto blanco de amenazas pero tenían que seguir andando para poder sostener a sus familias", relató Kendall.

En Guatemala, la violencia en los autobuses ha sido ligada a la actividad de pandillas y grupos criminales, que exigen una cuota o "aguinaldo" a los conductores para permitirles el paso por las zonas que tienen bajo control.

Desde 2006, se estima que unos mil conductores y ayudantes han muerto como consecuencia de estos ataques.

"La pandilla que domina una ruta impone un pago de unos US$13 diarios por el derecho a transitar sin ser molestado y los conductores que se niegan a pagar son sometidos a ejecución sumaria", indicó Hal Brands, en su estudio “Crimen, violencia y crisis en Guatemala”, del Instituto de Estudios Estratégicos (ISS) de Estados Unidos.

Asimismo, según el académico, en 2009 hubo una oleada de atentados contra la infraestructura de transporte de la capital guatemalteca con el fin de exacerbar el clima de temor e intimidación, aunque "el alcance de la actividad de pandillas se ha exagerado a veces".

La escalada de violencia en el país se ha asociado a las actividades de la Mara Salvatrucha y Barrio 18, entre otras, y los ataques a buses han sido considerados por muchos como una consecuencia de las disputas territoriales entre bandas.

Los medios locales calcularon que en 2010 fueron asesinados 183 conductores de buses, seguidos de otros 105 entre enero y agosto de 2011, según cifras de la organización Human Rights Watch.

La publicación The Christian Science Monitor, en tanto, reportó casos de conductores baleados incluso después de haber pagado su cuota.

"Es un tema de mucha vulnerabilidad y sensibilidad. Uno de los desafíos fue retratar lo que ocurre sin poner en peligro a nuestros protagonistas", indicó el director del documental.

Ahora, Kendall quiere que su película sea usada en las aulas para crear conciencia. Programa, además, un tour de proyecciones en Estados Unidos por fuera del circuito de festivales y, como no podía ser de otro modo, hará el viaje por el país a bordo de un bus-camioneta.

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