El horror de sufrir un ataque químico

  • 13 diciembre 2012
Casi 25 años después, los vecinos de Halabja siguen recordando a los caídos en los bombardeos iraquíes.

Casi 25 años después de que las fuerzas iraquíes mataran a miles de civiles de su propio país tras utilizar armas químicas en la ciudad kurda de Halabja, se están dando los primeros pasos para descubrir qué país –y posiblemente qué fábrica- suministró algunos de los productos químicos.

El resultado del ataque con armas químicas contra Halabja, el 16 de marzo de 1988, es una de las peores cosas que he visto en mi vida. Había cuerpos amontonados por todas partes; tirados en las calles, apostados contra las paredes.

Cuando me acerqué comprobé que muchos de ellos protegían a alguien que también estaba muerto: un bebé, un niño, una esposa.

No hubo posibilidad de protegerse contra el gas nervioso que los hombres de Saddam Hussein habían lanzado indiscriminadamente sobre Halabja para dar una lección a sus habitantes kurdos.

Las consecuencias de la guerra química que había visto contra soldados en la guerra de Irán e Iraq habían sido terribles, pero ver lo que estos crueles gases habían causado en hombres, mujeres y niños desprotegidos fue incluso peor.

A veces los gases lanzados por las fuerzas aéreas iraquíes habían tenido un efecto inmediato. Vi una casa en la que había caído una bomba por el techo sobre un cuarto donde había gente comiendo.

Todos estaban muertos, y sus muertes habían ocurrido en tan solo un segundo.

Un hombre mayor había fallecido mientras le daba un mordisco a un pedazo de pan. Otro sonreía, y parecía haber muerto en medio de una broma.

Pero otra gente había perdido la vida lentamente y en el más insoportable de los dolores.

Vi a una mujer cuyo cuerpo se había retorcido casi hasta formar un círculo, con su nuca tocándole los pies. Su ropa estaba llena de vómito y sangre, y su cara estaba contraída por el dolor.

Convertir a la ciudad en un ejemplo

¿Por qué había muerto esta gente? Porque, en las últimas semanas de la guerra, Halabja había dado una calurosa bienvenida a las tropas iraníes. Entonces Saddam Hussein y su primo, conocido como "el químico Ali", decidieron convertir la ciudad en un ejemplo.

La fuerza aérea iraquí usó una variedad de compuestos químicos contra Halabja: gases nerviosos como el VX, Sarin y Tabun, y el terrible aunque más primitivo gas mostaza, cuyo uso data de la Primera Guerra Mundial.

Actualmente algunas de las bombas que se usaron están expuestas en un museo en la ciudad. Muchas están equipadas con ventiladores internos, que se usaban para mezclar los componentes.

Museo de Halabja
El museo de la ciudad reconstruye escenas de lo que se vivió aquel fatídico día.

Antes del ataque químico hubo dos días de bombardeos convencionales, como si Ali Hassan al-Majid hubiese querido romper las ventanas de la ciudad para hacer el gas más efectivo.

La fuerza aérea iraní me llevó a Halabja junto con un grupo de periodistas.

El gobierno iraní vio una oportunidad de propaganda en mostrarnos los crímenes de Saddam Hussein contra su propia gente.

Las autoridades iraníes habían evitado que los sobrevivientes volviesen a enterrar a sus muertos, para que siguiesen allí y el mundo los pudiese ver.

¿Cuánta gente murió en Halabja? Conté muchos cuerpos mientras recorría el lugar con un especialista belga en armas químicas.

Pero no había tiempo: los iraquíes sabían que estábamos allí –habían disparado contra nuestro helicóptero cuando nos acercábamos- y se creía que el ejército volvería, tal vez para usar armas químicas contra nosotros.

Inevitablemente, nuestra cuenta fue precipitada. Pero calculamos que allí se encontraban al menos 5.000 cadáveres. Otros murieron en las afueras intentando cruzar las montañas hacia Irán.

Esta cifra es aceptada por varios expertos en el ataque.

Restos del horror

Las consecuencias del uso de armas químicas pueden verse incluso hoy.

Aún un cuarto de siglo después, el horror no ha acabado. Parte del gas mostaza que fue utilizado continúa presente en los sótanos de la ciudad, donde la gente se refugió durante el bombardeo.

Al contrario que los gases nerviosos, que se evaporaron muy rápido, el gas mostaza es más pesado que el aire. Desciende y se deposita en bolsas que continúan siendo peligrosas aun hoy.

Cuando viajé con mi equipo a uno de los sótanos el residuo del gas, atrapado en una vieja alfombra, nos provocó molestia en los ojos y dolor de cabeza durante horas.

En el suelo estaban los cuerpos de dos ratas y el esqueleto de un gato que había muerto por inhalar el gas. Nos dijeron que un hombre había fallecido recientemente por la misma causa en un sótano cercano.

Es por eso que el mayor experto británico en guerra química, Hamish de Bretton-Gordon, estudia junto al gobierno kurdo cómo descontaminar la zona.

"El problema aquí es que cuando construyen edificios nuevos remueven los cimientos; ha muerto gente debido a las bolsas de gas mostaza que se han encontrado", afirma.

"Una vez que Halabja esté limpia se debería poder desarrollar el área al mismo ritmo que el resto del país", añade.

Bretton-Gordon sugiere también que podría identificarse quién proveyó a Saddam con los químicos usados en Halabja.

"Esperamos encontrar muestras de gas mostaza en las fosas comunes, así como las hemos encontrado en los sótanos", me dice. "Y si podemos analizar sus componentes más básicos podremos entonces ver qué firma tiene."

Esto haría posible identificar qué país, e incluso qué fábrica, suministró los componentes originales del gas mostaza, siempre y cuando se puedan comparar con muestras actuales.

"Va ser difícil conseguir una muestra de los fabricantes que supuestamente lo hicieron… si lo que nos dan se ajusta a los que tenemos, entonces será prueba irrefutable que podría ser estudiada por la Corte Criminal Internacional".

"Pero sabemos que todavía hay algunas existencias de químicos en Irak con las que se está lidiando, lo que es información de fuente abierta. Probablemente podríamos obtener una muestra y compararla con lo que hemos encontrado aquí para encontrar evidencia definitiva, así que técnicamente es posible".

Hallar a los culpables

Por ahora el Gobierno Regional Kurdo no ha aprobado los planes necesarios. Asegura que tiene que consultar con varias compañías y con los habitantes locales antes de dejar que se abran tantas fosas comunes.

Pero hay un consenso político claro: mientras las compañías extranjeras que suministraron ese atroz gas no sean castigadas, el capítulo permanecerá abierto.

"Creo que nos lo debemos a nosotros mismos y a las víctimas. Debemos analizar más profundamente qué sucedió, y cómo sucedió", afirma Qubad Talabani, ministro en el gobierno regional e hijo del actual presidente de Irak.

Las escenas de horror quedan todavía presentes en la memoria de muchos de los vecinos de Halabja.

Y si las empresas extranjeras que proporcionaron los químicos son identificadas, ¿se consideraría tomar alguna medida?

"Por supuesto. Esto es algo muy serio para nosotros y para las familias de las víctimas", añade.

La Unión Soviética, un país con una gran capacidad para la guerra química, parece haber suministrado a Saddam los materiales que solicitó. La industria química de Alemania Occidental estaba exenta en ese momento por el gobierno de Bonn de leyes que prohibían la venta de armas químicas. Otros países podrían también estar implicados.

Entonces, ¿podemos sacar algo positivo de los horrores de Halabja? Extrañamente, sí. La revelación de lo que había ocurrido sacudió las conciencias de la opinión pública internacional, y tres años después llevó al cierre del espacio aéreo del norte de Iraq por parte de Reino Unido y Estados Unidos.

Esto evitó que Saddam atacase a los kurdos, cuya sociedad floreció de manera independiente del control de Bagdad.

La riqueza del petróleo que fluyó a partir de la década de 1990 ha transformado las ciudades del Kurdistán, incluida Halabja.

Pero nadie de aquí puede olvidar lo que ocurrió aquél día de 1988. La mera discusión del episodio provoca todavía lágrimas en los escolares.

Incluso ahora, algunos hombres y mujeres sufren de cáncer que podría estar relacionado con los efectos de las bombas.

Sin olvidar a los miles de personas que murieron de la forma más terrible imaginable.

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